A los 16 años, de la mano de mi hermano mayor, descubrí el mundo apasionante del trial. Desde entonces, este peculiar deporte ha marcado mi vida dándole otra dimensión.

La naturaleza, el "plein air", es un gran desintoxicante y la práctica del equilibrio una terápia exquisita, si añadimos la afición a la fotografia para captar aquella luz especial, aquellas formaciones rocosas de formas caprichosas, o las extraordinárias tonalidades cromáticas del otoño, el cocktail no tiene precio.

Inquieto como era, no pude resistir la tentación de la competición, y durante unos años me dediqué a esta disciplina con resultados más que aceptables para un piloto sin ánimo de profesionalización. Por suerte el trial es un deporte donde la velocidad no cuenta y esto me permitia a menudo de detenerme en el recorrido delante de una vista espectacular y disfrutar del paisaje que me ofrecia.

La práctica del excursionismo de montaña en moto de trial por lugares de dificultad extrema ha sido otra de mis aficiones, la alta montaña, con los problemas añadidos que comporta: pérdida de potencia, orientación, falta de carburante, etc., dan una dimensión de aventura muy emocionante.

En la década de los '80 entré a formar parte de la junta directiva de la Federació Catalana de Motociclisme y mas tarde como delegado de trial de la comisión deportiva. Esto me permitió impulsar los dos dies de trial de la Val d'Aran, que se celebraron mientras el por entonces president del Moto Club Aranès estuvo en activo.